Miriam, madre por sorpresa a los 19 años: «Me enteré de que estaba embarazada cuando ya estaba de 6 meses porque nunca me faltó la 'regla'»

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La joven pensó: «¿Por dónde empiezo? ¿Qué tengo que hacer? Pues aprender a ser mamá». Y lo hizo tras superar el «shock» de una ecografía que le cambió la vida. «Apenas tenía barriga, solo tuve que cambiar de talla los dos últimos meses», asegura

30 mar 2025 . Actualizado a las 17:52 h.

Miriam tiene 26 años, pero hace siete su vida dio un giro de 180 grados en cuestión de segundos. No solo la noticia de su embarazo fue un sorpresón, algo con lo que no contaba, sino que casi a la vez se enteró de que estaba de 24 semanas, es decir, de unos 6 meses. Hasta ese momento, a ella nada le hizo sospechar. Le venía la regla con normalidad, y llevaba una vida de una chica de 19 años.

En el mes de agosto sí que empezó a notar que tenía algo más de tripa, «pero nada, muy poco». Sin embargo, sus padres se alertaron, porque en la familia hay antecedentes de cáncer de páncreas por las dos ramas. «Ellos tenían muy presente el hecho de que sus padres no engordaban, pero la tripa sí que les crecía. Pensando en que a lo mejor se trataba de un cáncer, fuimos al médico para que me diagnosticaran cuanto antes. Y al llegar a la consulta, lo primero que me dijeron es que, para no irnos directamente a lo más grave, empezásemos por hacer un test de embarazo. Me lo hicieron, y dio positivo», explica Miriam, que añade que también le advirtieron de que no debía de estar de mucho porque, tal y como ella les había contado, hacía solo tres semanas había tenido la regla.

Esta primera consulta fue en el centro de salud de su pueblo, pero enseguida la derivaron al hospital para realizar una ecografía que aportara más datos sobre el estado de gestación. Cuando se la iban a hacer, se encontraron con que no podían hacérsela por vía vaginal, como se suelen hacer las primeras ecografías en los controles prenatales, y se la tuvieron que hacer abdominal. Esa fue la primera pista de que el embarazo no era tan incipiente, pero la noticia terminó de confirmarse a los pocos segundos. «La ginecóloga que me la estaba haciendo le dijo a la comadrona: ‘Está de 25 semanas’, y yo recuerdo que enseguida miré a mi madre y le pregunté: ’¿Qué quiere decir 25 semanas?’. En aquel momento yo no tenía claro esto de hablar de semanas. Y mi madre me dijo: ‘Estás de mucho’».

Miriam confiesa que la reacción de su madre fue mejor que la suya. Dice que ella en ese momento entró en shock, e incluso recuerda que chilló: «¡Nooooooo!». «Fue un no de “no es verdad lo que me está pasando”. Estaba muy confundida, no entendía nada. Siempre nos han dicho que uno de los síntomas de embarazo es que no hay sangrado, pero yo sí había estado sangrando con regularidad. ¿Por qué de repente me estaban diciendo que estaba embarazada de 6 meses? ¿Cómo es posible que haya ocurrido todo esto? Y yo sin darme cuenta. ¿En qué momento estoy embarazada? Sabía que había hecho cosas que me podían llevar a un embarazo, pero yo tomaba la píldora y esa posibilidad no la contemplaba».

SUS PADRES LA APOYARON

Sin embargo, su madre que se había puesto en lo peor, como es que te digan que tu hija tiene una enfermedad grave, la noticia del embarazo la recibió muy bien. «Fue muy buena su reacción. Antes de saber que todo estaba tan avanzado, ya me había dicho que había opciones, que me iban a apoyar en lo que yo decidiera. ‘Si decides abortar, te apoyaremos. Y si decides tirar para delante con el embarazo, también’, me dijeron tanto mi madre como mi padre. Sin malas caras, sin reproches. Al final, se había dado esta situación, y decían que era mucho mejor esto que que nos hubieran dicho otra cosa. Si vas pensando en que a tu hija le quedan meses de vida, a lo mejor esto no es tan grave».

Ella, en cambio, estaba más «frustrada». Era algo con lo que no contaba, y que cambiaba sus planes a corto plazo por completo. Y una vez más fue su madre la que tiró de ella. «Me dijo: ‘Miriam, no pasa nada, más vale aumentar la familia que disminuirla. Todos vamos a estar apoyándote’, y realmente así ha sido. No me han faltado en ningún momento».

Una vez recibida la noticia, tocó asimilarla. A esas alturas las opciones pasaban por dar a luz, porque ya estaba muy avanzado como para interrumpirlo, o dar al bebé en adopción, algo que ella descartó por completo. «Mi hermana pequeña es adoptada, y no me cabía en la cabeza que yo fuese a dar a un niño en adopción. Pensaba: ‘No sé cómo voy a ser madre, pero tampoco quiero renunciar a serlo’. Y sabía que darlo en adopción implicaba eso». De haberlo sabido antes, habría tenido un embarazo maravilloso, cuenta ahora, porque no tuvo ningún síntoma. «Si te paras a pensar, sí que hubo épocas en las que quizás estaba más cansada, pero yo en aquel momento trabajaba en una residencia a turnos alternos, y pensaba que era por el trabajo o porque igual había salido de fiesta y había ido a trabajar al día siguiente. También tuve un período de estreñimiento, pero lo relacioné con que en ese momento no estaba comiendo de la mejor manera por el mismo motivo, porque al hacer turnos partidos, terminaba comiendo a horas muy distintas cada día... Todo lo achaqué a la vida que estaba llevando, no a un posible embarazo. Además, es que al tomar las pastillas anticonceptivas, las semanas de descanso sangraba con total normalidad».

La ropa tampoco le hizo sospechar. Dice que, aunque estuviera de 6 meses, apenas tenía barriga. Solo tuvo que cambiar de talla los dos últimos meses. Le preguntaban mucho si no había sentido nada hasta ese momento, porque a esas alturas los bebés ya empiezan a dar patadas, y asegura, que si llegó a notar algunos movimientos, lo atribuyó a los gases, que relacionó con la hinchazón y el estreñimiento que sufría.

Durante ese tiempo, Miriam no había tomado ninguna precaución relacionada con su estado, y tuvo que hacerse todas las pruebas, porque en apenas tres meses iba a ser mamá. «Claro, pensaba: ‘No me he cuidado para nada, he salido de fiesta, he bebido... En mi caso no fumo, pero salir o beber algo, o comer jamón o sushi, sí. Todas esas cosas que te prohíben. A mí me encanta el queso, y no estaba mirando si estaba pasteurizado o no. Sí que llegué a pensar qué riesgos va a haber ahora o cuántas cosas podían salir mal por no haberme cuidado. De hecho, me hicieron una ecografía superlarga, de hora y media, para ver que todo estaba yendo bien».

Cuando le dijeron la fecha prevista de parto, empezó a hacer cábalas de lo que podía haber sucedido. «Coincidió que yo estuve con anginas durante bastante tiempo, y me dieron antibióticos. Nadie me avisó de que podían disminuir el efecto de las pastillas anticonceptivas, y creo que eso es algo que debemos saber. También fue fallo mío que no leí el prospecto ni nada, pero si vas al médico, y como es mi caso las tomaba porque me las habían recetado, no era por iniciativa propia, es decir, estaba en mi historial; tampoco nadie me advirtió sobre el riesgo de que disminuye la efectividad».

Y así, casi sin pensar, llegó el 25 de noviembre del 2017, cuando vino al mundo Axel. «En ese momento realmente fui consciente de que todo era real, porque en el embarazo tuve tan poco tiempo para asimilar todo lo que me estaba ocurriendo... Pero cuando tienes a esa cosa tan pequeñita entre tus brazos, lo estás viendo, sabes que depende completamente de ti, dices: ‘¿Por dónde empiezo? ¿Qué tengo que hacer?’. Pues aprender a ser mamá», cuenta Miriam, que asegura que sus padres siempre la han apoyado y han sido un gran soporte en todo momento.

Después de la baja de maternidad, se incorporó a su puesto de trabajo, algo que compaginaba con el cuidado del pequeño y con los estudios. Primero hizo el ciclo de Integración Social y luego estudió la carrera de Psicología. «Durante muchos años me estuve levantando a las cinco de la mañana para poder estudiar», cuenta Miriam, que ha formado un tándem maravilloso con su pequeño. «Vivimos prácticamente solos desde que nació, desde los 6 meses. Mis padres están muy cerca, en el piso de abajo, pero estamos en casas diferentes. Yo organizo la mía, y mis padres la suya, pero están cerquita cuando los necesito. Tengo mucha suerte, porque supongo que, como ha visto que somos solo él y yo en casa, y va viendo cómo es el día a día, pues es un niño que no es que siempre esté ahí para ayudar, pero sí que tiene como mucha voluntad. Si ve que hay que doblar la ropa, a lo mejor viene y te dobla dos camisetas. O si me ve malita, me viene con la manta a tapar. Tiene sus momentos. Soy muy afortunada de tenerlo».

A veces siente que ha entrado muy rápido a la vida adulta. «Estoy empezando a ver con 26 años que mis amigas ya se empiezan a independizar o a tener sus trabajos, sus cosas, y ya tienen una vida adulta, pero yo ya llevo siete años de recorrido. Entonces, sí que me doy cuenta de que a lo mejor hay cosas o rutinas del día a día que son muy diferentes a las de mi edad, pero no sé cómo hubiese sido mi vida si no hubiese sido madre», indica.

Para Miriam lo prioritario era seguir estudiando, por eso, aunque muchas veces podría haber salido porque o bien el pequeño estaba con su padre, o bien se podría quedar con su familia, que nunca le ha puesto pegas para que ella disfrutara con sus amigas, ha preferido quedarse en casa y no estar de resaca al día siguiente para disfrutar de Axel, que, confiesa, cree que será su único hijo.