Jose Víctor Alfaro, podólogo: «Cuando un chico de 13 años no es muy alto, pero calza un 44, le queda un estirón por dar»

VIDA SALUDABLE

El especialista del primer equipo de fútbol del Real Madrid recuerda la importancia de pasar más tiempo descalzos
03 abr 2025 . Actualizado a las 11:06 h.El pie, los pies, son tan importantes como desconocidos. Encargados de portar el peso correspondiente, la locomoción y retromoción, muchos no saben que también son la segunda bomba sanguínea del cuerpo, después del corazón. Cada uno tiene 26 huesos, 33 articulaciones y más de cien músculos, ligamentos y tendones. Todos valen oro, y algunos, millones. Es el caso de los pies que cuida Jose Víctor Alfaro, director general de Podoactiva y podólogo del primer equipo de fútbol del Real Madrid.
—¿Qué hacen en la podología que no hacen en otras ramas como la ortopedia o la traumatología?
—El podólogo es el profesional que está capacitado para diagnosticar y tratar cualquier patología del pie, desde lo más sencillo a cosas más complejas como puede ser la cirugía. El podólogo tiene la capacitación técnica y legal para poder hacerlo. El traumatólogo trabaja para todo el aparato musculoesquelético, y podría hacer también la parte del pie. Cada vez más, la traumatología tiende a especializarse. Ahora hay muchos traumatólogos focalizados en la rodilla, en el hombro o en la espalda. Y la ortopedia es un establecimiento al que un paciente puede acudir con una receta que haya hecho o un podólogo o un traumatólogo, pero no es un sitio donde se le pueda diagnosticar, sino que sería lo equivalente a ir a comprar un medicamento en una farmacia con receta. Es verdad que te puedes encontrar ortopedias donde te ofrezcan un estudio de la pisada, o que te hagan un diagnóstico, pero eso está fuera de lo que legalmente pueden hacer.
—Ustedes son los grandes expertos de los pies y sus problemas. ¿Pueden ser la causa de mi problema de rodilla o de cadera?
—Sí, hay muchísima influencia. De hecho, trabajamos en colaboración con muchos traumatólogos que nos derivan pacientes con problemas de rodillas, porque saben que una parte de ese problema lo ocasiona la pisada. El caso más evidente es la típica persona que las mete mucho hacia dentro, eso que llamamos el genu valgo, lo que te hace es que el compartimento externo de tu rodilla esté mucho más comprimido. Si esa persona, por ejemplo, tiene un problema del menisco externo, y no consigues quitarle cargas del menisco externo desde el pie mejorando esa alineación, por mucho que pruebe no va a terminar bien. Ahí hay una causa mecánica. Por eso, tenemos que entender que nuestro pie es nuestro único punto de apoyo contra el suelo; y lo que haga ese punto de apoyo va a afectar, lógicamente, al pie, y al resto. De hecho, las afectaciones más importantes no impactan en el pie, porque está lo suficientemente articulado para poder adaptarse a casi cualquier movimiento, sino a la rodilla, que sufre mucho más por una mala pisada, a la cadera, o a la columna. Hay que entender que lo que haga el pie, ya sea mal o bien, va a marcar la diferencia.
—Si mira un pie, ¿qué es lo primero que le llama la atención?
—A veces cuando alguien ve un pie con muchísimo puente o con los dedos muy deformados piensa que es feo. Pero nosotros lo vemos como una oportunidad de mejora, porque seguro que tenemos forma de ayudarle. De hecho, hay diversidad de patologías en ellos. Desde gente que tiene un pie muy cabo a otra que lo tiene muy plano, gente con desalineaciones. Al final, cada pie y cada forma de pisar es muy particular. La forma de andar es única de cada persona. Porque juntas un montón de cosas: la forma de tu pie, tu musculatura, la movilidad que tengas, la posición de tus caderas o de tus rodillas. Y todo eso crea un algoritmo que hace que tu forma de moverte sea exclusivamente tuya.
—¿Se heredan los pies de nuestros padres o madres?
—Hay una parte muy importante hereditaria. De hecho, muchas veces se dice lo típico de: «Anda igual que su madre». Pues es verdad. Se hereda la manera de pisar, la forma del pie y, de rebote, las patologías asociadas a esa forma de pisar. Por ejemplo, alguien que ha tenido antecedentes de pies muy aplanados en la familia, posiblemente los herede. Y, debido a ese pie más valgo o aplanado de la cuenta, es probable que haga un juanete. No heredas la enfermedad, como se suele pensar, sino lo que te la produce. Ahora bien, si somos capaces de actuar sobre todas esas causas podemos evitarlo, pero hay que cambiar cosas. Y no es exclusivamente cosa del calzado, que mucha gente le echa la culpa a esto. Pero aún calzándote con horma normal, sin tacones o puntas, puedes hacer un juanete si tu forma de pisar provoca que lo desarrolles.
—Usted es el podólogo del Real Madrid, ¿los deportistas le meten mucha caña a los pies?
—El deporte en general es exigente para el pie, el fútbol en particular, todavía más. Al margen de todo lo que tenga que ver con el movimiento, hay que sumar la parte de impactos contra el balón, que es una superficie muy dura, y el propio juego, ya solo sea por los pisotones. Es agresivo para el pie. Por eso, en el futbolista es una de las zonas que sufre. Además, está la propia bota en sí, que es un calzado diseñado para jugar al fútbol, pero no es el más cómodo del mundo.
—Vamos a hablar de tres partes del pie: talón, la zona del empeine y los dedos. ¿Qué función tiene cada una?
—El pie es un puzzle bastante complejo. Tenemos 28 huesos, que se articulan entre sí en 33 articulaciones y se unen con más de cien tendones. Es un puzzle relativamente pequeño con muchísimas piezas porque está pensado para la movilidad. Si hablamos de qué función tiene, deberíamos pensar en qué momento. Cuando damos un paso andando normal, tenemos tres momentos que se conocen como los tres rockets de una marcha.
—El primero, el talón.
—Sí. Cuando el talón choca contra el suelo. Ahí se apoya la zona ligeramente externa. De hecho, si cualquier lector le da la vuelta a su zapato verá que esa parte está un poquito más gastada. Eso es lo normal. En cambio, si te cargas un talón en dos semanas, puede haber un problema.
—¿Cuál es el segundo?
—El segundo rocket del paso es cuando apoyamos todo el pie contra el suelo. Ahí suceden las cosas más importantes. Nuestro pie pasa de comportarse como una palanca rígida para dar estabilidad a desplazar la carga hacia dentro. Es decir, pasamos de un apoyo externo a ir pronando el pie, a aplanarlo ligeramente. Es el momento de absorción del impacto y todas nuestras articulaciones se mueven para que el pie pueda ser el amortiguador de nuestro cuerpo. Pero si el pie se aplana más o menos de la cuenta podemos tener un problema.
—Y, finalmente, los dedos.
—Sí. El tercer rocket es cuando nos propulsamos y solo se quedan los dedos contra el suelo. Concretamente, lo último que se queda es el primer dedo, por eso es más gordo y grande. Ese es el que hace el trabajo de estabilización en el segundo rocket y de propulsión en el tercero. Por eso es tan importante que mantenga la movilidad para que pueda hacer su función. Tiene que poderse mover. Si el dedo es rígido nos complica bastante la marcha.
—¿Puedo vivir sin el dedo gordo del pie?
—Puedes vivir pero vas a caminar mal, necesitaríamos hacerte una prótesis que simula un dedo. Necesitamos hacerte una plantilla especial que lo incorpore. Hoy en día, con la tecnología que tenemos, escaneamos y analizamos el movimiento de tu pie izquierdo si tiene dedo, y haciendo un espejo generamos una pieza muy parecida en movimiento y en geometría en el que no tienes dedo. Pero esta prótesis es necesaria porque sino la propulsión sería muy ineficiente y el resto de dedos alterarían su geometría, ya que el hueco está pensado para que los dedos rellenen un espacio cada uno de ellos.
—¿Qué dedo sufre más con el calzado convencional?
—Son los dos extremos, el primero y el quinto. Son los que están impactando con ese zapato que les estruja un poco y, después, si tenemos un dedo que se ha deformado, como uno en garra, es el que va a sufrir por el roce del zapato. Son las zonas más expuestas.
—Dice que tenemos que ver los pies como un punto de apoyo. ¿Qué función tienen más allá de la pisada?
—Fíjate. Para que nuestro cerebro se entere en qué posición estamos, tiene tres captores. Un captor son los ojos, cualquier problema en la vista, pues todo el mundo sabe que le puede jugar malas pasadas en el equilibrio o en la movilidad. Otro es la articulación temporomandibular, que es un captor de posición 3D muy importante para nuestro cerebro, y el tercero son nuestros pies. Están lanzando permanente información a nuestro cerebro de la superficie por la que te estás moviendo, si es estable, si no es estable, qué tiene que hacer. Nuestro movimiento está totalmente condicionado por la información que capten los pies. Por eso es muy importante que los recién nacidos, si están en un ambiente protegido como una cuna, no se le pongan patucos. Cada vez más estudios avalan que durante los primeros meses de vida captan muchos más estímulos externos por los pies que por las manos, y en cambio se los tenemos tapados. Incluso para su desarrollo psicomotriz, es muy importante que hagan cosas descalzos en casa, si gatean es mucho mejor que si no gatean, y sobre todo, dejar que sus pies capten estímulos, porque están pensados para eso. Y luego hay otro papel importante, el cual mucha gente no conoce, que es el retorno de la circulación sanguínea.
—¿Qué hacen los pies por el sistema circulatorio?
—En nuestro sistema circulatorio, la sangre sale del corazón, va por el cuerpo y llega a los pies, que es el punto que más lejos está. El problema es que tiene que hacer el camino de vuelta desde los pies al corazón otra vez. Casi todo el mundo ha oído muchas veces lo de quien mueve las piernas mueve el corazón o que el gemelo es una bomba de retorno venoso. Si bien eso es cierto, el gemelo es la segunda bomba de retorno, la primera, el origen, está en la planta del pie. Hay una estructura que se llama la suela venosa de Lejars, que son como un conjunto de celdillas que cuando levantas el pie del suelo se llenan de sangre y cuando das el pisotón contra el suelo propulsan la sangre hacia arriba. Ahí se inicia el retorno sanguíneo. Casi todos los pacientes que tienen un pie con un mayor puente de la cuenta acaban teniendo problemas de retorno venoso. O, por ejemplo, cuando alguien no camina porque está ingresado, se le inflaman las piernas. Eso se debe a que no está iniciando esa bomba de retorno venoso. Necesitamos dar pisotones contra el suelo para que se active. Igual que a nivel muscular, esto los deportistas lo saben bien, hay muchísimas lesiones musculares, sobre todo en la polea posterior de la pierna —del tendón, aquiles, gemelos, soleos, isquiotibiales— cuyo origen está en un aumento de tensión en la fascia plantar. Al final, en anatomía, todo está unido. Tenemos fascias que conectan la planta del pie con el tendón de aquiles, el tendón aquiles con el gemelo y el sóleo, eso con los isquiotibiales, eso con las lumbares, eso con las paravertebrales hacia arriba. Por eso, cuando tenemos una pisada que por la forma de pisar nos genera más tensión de la cuenta, puede estar repercutiendo en lesiones musculares en esa polea posterior de la pierna. En cambio, si lo haces bien y controlas, mediante el uso de una plantilla suficientemente bien diseñada y con la elasticidad suficiente para quitar tensión en la planta, consigues que muscularmente haya menos lesiones en otras zonas.
—¿Qué factores influyen en el tamaño del pie?
—El tamaño del pie está bastante relacionado, salvo excepciones, con la altura. Nosotros, por ejemplo, llevamos más de un millón y pico de pacientes vistos en toda Podoactiva y nuestra plantilla más grande es la que pertenece a nuestro amigo Romay, que es también el paciente más grande que hemos visto. Él tiene un 56 de pie. Por eso es normal que pie y altura se relacionen. De hecho, habitualmente, cuando un chiquito de 13 años no es muy alto, pero calza un 44, casi seguro que le queda un estirón grande que dar.

«Hay mucha gente que se calza mal»
—¿Hay una forma correcta de caminar?
—Hay una forma correcta de caminar en el sentido de que esos tres rockets lleven la secuencia correcta. Muchas veces, veo por Internet los típicos influencers, que sin ser muy expertos, explican que el pie debe apoyarse como un trípode: el talón, la cabeza del primer dedo y la cabeza del quinto dedo. En realidad, esto no es así. El pie normal apoya en el talón toda la zona lateral externa y toda la zona metatarsal. Esa es una huella, como cuando tú vas a la playa y la dejas marcada. Si tú ves que solo apoyas detrás y delante, nos está faltando una zona de superficie importante, que puede ser por la forma de tu pie. En resumen, hay una forma buena de pisar, pero una manera universal de hacerlo. De hecho, lo que para unos es lesivo para otros no.
—¿De qué va a depender?
—Sobre todo, de la carga que se mete encima. Si uno no hace una actividad deportiva importante, aunque no pise muy bien, posiblemente no tenga grandes problemas. Ahora bien, si uno corre mal y hay un pequeño defecto en esa marcha, todo se amplifica y es muy posible que haya problemas. Por eso es tan importante que, aunque sea una vez en la vida, la gente tenga un estudio de pisada bien hecho para prevenir o detectar problemas. Además, hay una cosa que veo que mucha gente dice y es que hay que caminar consciente. Esto no es posible. Es decir, a lo mejor das unos pocos pasos así, pero a la mínima que tu cabeza se vaya a las tareas del día, es imposible, porque es una tarea regida por el sistema nervioso autónomo que es una especie de piloto automático, como respirar. Por eso cuando uno pisa mal, hacer algo consciente no es suficiente. Hay que hacer algo más, lo que no quiere decir que todo el mundo necesite una plantilla. A algunos les cambia la vida de forma espectacular, pero hay otros que simplemente necesitan una pauta de musculación del pie para pisar mejor y darle más movilidad articular.
—¿Es correcto pensar que los zapatos tienen que dar de sí, a veces, incluso, provocándonos heridas?
—Es verdad que el calzado es el elemento más hostil para el pie, y hay mucha gente que se calza mal. ¿Cuál sería el consejo principal? Elegir y buscar la horma de tu zapato ideal, porque cada pie es distinto. Algunos son más estrechos, otros más anchos, hay pies con un empeine más elevado, otros con uno mucho más bajo. Ahora, muchas veces también se habla del calzado respetuoso, que es un zapato que respeta más la forma de los dedos y que nos gusta para muchos pacientes. Pero tampoco es una receta universal, porque hay gente que tiene el pie muy estrecho y les va bailando. Eso es un desastre. El pie debe caber cómodamente.
—¿Cómo sé yo que mi pie cabe de la forma correcta?
—Lo ideal sería quitar la plantilla del zapato, ponerla en el suelo, colocar el pie encima apoyando bien la zona del talón y dedos, y ver si cabe. Tiene que sobrar un poquito por delante. Si tú pones tu pie y ves que tapa entera la plantilla del zapato, te estás calzando pequeño. A veces el problema es el número, y otras, el zapato en sí. Hay que entender que cada uno tiene un pie particular. Una chica puede tener un pie muy estrecho y otra, un pie súper ancho, y las dos están calzando el número 40. En este sentido, necesitamos que eso evolucione a que pueda haber más oferta. Pero es importante perder el tiempo en encontrar el zapato ideal, no pensando en que vaya a dar de sí, sino en que sea cómodo desde que lo pruebas.
—¿Hay un momento ideal para comprar el calzado?
—Siempre decimos que lo ideal es comprar el zapato a última hora del día, si puedes elegir. Al menos, cuando ya hayas caminado un poco, y no ir a primera hora del día. Porque es cierto que el pie se va dilatando, y un zapato que a las nueve de la mañana te entra bien, ya no lo hace a las nueve de la noche. Pero lo más importante es poder sacar la plantilla y colocar el pie con los dedos juntos, no separados.
—¿Por qué no?
—Porque los humanos no abrimos los dedos para caminar. De hecho, es una evolución de los primates, que tenían el primer dedo abierto para trepar a los árboles. Con la deambulación, ese primer dedo ya no tiene que estar separado, sino alineado unos cinco grados hacia el segundo para que la propulsión sea lo más eficiente posible.
—¿Debemos andar descalzos?
—Es muy recomendable. El consejo de hacer cosas estando descalzos va bien para la mayoría de la gente. Lógicamente, puede haber excepciones, pero para la mayor parte de las personas, hacer cosas descalzos es fenomenal para sus pies. Es más, es el complemento perfecto que todos deberíamos hacer y es una buena costumbre para los niños. Si en invierno hace frío, podemos llevar calcetines. Pero hay que estar sin calzado porque nos permite movilizar el pie. Al final, tiene 33 articulaciones y está pensado para ello.